Santo Domingo, República Dominicana.- En la calle Isabel La Católica, en la Zona Colonial de Santo Domingo, justo en la parte trasera de la Catedral Primada de América, nos encontramos con una escena aparentemente sencilla, pero con un mensaje especial. Vimos a un cochero sentado, quizás medio aburrido, esperando por algún turista que decida subirse a su carreta eléctrica.
Así es; eléctrica. Los caballos que se usaban para el transporte turístico en carruaje ya no están.
Las tradicionales carretas que durante años recorrían las calles empedradas de la zona fueron sustituidas por estos vehículos que vemos en la imagen de portada. Fue una medida impulsada por la Alcaldía del Distrito Nacional durante la gestión de David Collado.
El objetivo de esta medida anunciada en el 2020, procuraba poner fin al maltrato animal, proteger el medio ambiente, además de mejorar el destino turístico y ofrecer una experiencia que fuera más limpia y sostenible.
Durante mucho tiempo, residentes y visitantes habían advertido sobre el desgaste físico de los caballos, que ya se veían enfermos, con heridas visibles y con un semblante deteriorado. Esto llamó la atención para ejecutar el cambio.
Sin embargo, según la conversación que sostuvimos con el cochero, no todo es tan simple como parece.
«Un turista que se desmonta de su vehículo va a pagar para subirse a otro vehículo. Yo veo que es lo mismo, no hay diferencia», nos dijo el cochero. Lógicamente, se refiere a la experiencia emocionante que siente un turista cuando aborda una carreta tirada por caballos, y que ahora ese sentimiento se aísla cuando se pretende modernizar una tradición de años.
Según narra, al entrar en vigencia esta medida el trabajo disminuyó considerablemente, ya que los turistas no conectaban igual con una carreta eléctrica. Extrañaban la magia, el movimiento del caballo y esa emoción de viajar en el tiempo. No obstante, con el paso de los años los usuarios se han ido acostumbrando.
«Gracias a Dios, la gente se ha ido acostumbrando y, por el momento, se está picando casi igual», afirma el cochero.

Estas unidades trabajan con baterías capaces de recorrer cerca de 50 kilómetros a la velocidad de una persona cuando está trotando. No han desaparecido; son los mismos carruajes. La diferencia es que los caballos han dejado de formar parte del paisaje.
La medida también contempló la integración de los cocheros como parte del sistema; que sean empleados del cabildo y formarlos como guías turísticos.
Realmente no suena mal; menos maltrato animal, cero contaminación, cuidado del medio ambiente y más organización. Aunque, mirándolo desde el punto de vista práctico, no se siente la misma emoción.
La transición a las carretas eléctricas puede que sea un avance tecnológico, para dar un servicio más limpio, al tiempo de cuidar el medio ambiente. Sin embargo, como finaliza el cochero: «no se escucha el relinche, no se escucha el golpeteo de los cascos, no conecta de la misma manera».



