Santo Domingo Este, República Dominicana.- En Santo Domingo Este, comunidades como El Tamarindo, Los Rosales y Hainamosa viven hoy una realidad que refleja una problemática recurrente en muchas zonas del país: obras públicas que se inician, pero que quedan a medio camino, dejando a los ciudadanos atrapados entre el polvo, el deterioro y la incertidumbre. Lo que debió representar progreso y mejor movilidad se ha transformado en una fuente diaria de problemas para quienes residen y trabajan en la zona.
La intervención de un tramo de aproximadamente 300 metros de la carretera Mella, donde fue retirada la capa asfáltica, ha generado un escenario preocupante. Desde hace casi un mes, según denunciaron los moradores, los trabajos no han sido retomados, provocando una polvareda constante que afecta la salud de niños, adultos mayores y comerciantes. Las enfermedades respiratorias comienzan a formar parte de la cotidianidad, mientras la comunidad espera respuestas que no llegan.
El impacto económico también es evidente. Comerciantes aseguran que las ventas han disminuido considerablemente debido al polvo, el ruido y las dificultades para acceder a los negocios. Cuando una obra pública paraliza la actividad comercial sin ofrecer soluciones rápidas, el daño no solo es estructural, sino también social y humano. Son familias completas las que ven reducidos sus ingresos mientras el proyecto permanece inconcluso.
A esto se suman los accidentes y los prolongados tapones provocados por hoyos y condiciones inadecuadas de la vía. Motoconchistas, conductores y peatones se exponen diariamente a riesgos evitables. La falta de continuidad en los trabajos convierte la reconstrucción en un problema mayor que el que originalmente se buscaba solucionar.
Pero el abandono no termina en la carretera. Calles como el Central y la C-9 continúan afectadas por charcos permanentes que dificultan el tránsito, evidenciando la ausencia de soluciones denitivas a problemas conocidos desde hace años. Mientras tanto, el parque de Hainamosa, que debería ser un espacio de recreación y encuentro familiar, permanece deteriorado, sin iluminación adecuada y convertido en refugio improvisado ante la falta de mantenimiento.
Desde Radar Voz hacemos un llamado a la conciencia de las autoridades competentes, especialmente al Ministerio de Obras Públicas y a las instituciones responsables del mantenimiento urbano. Las comunidades no pueden seguir esperando indefinidamente. Las obras deben concluirse con responsabilidad y planificación, pensando en la salud, la seguridad y la dignidad de la gente.
Rescatar estos espacios no es solo asfaltar una calle o reparar un parque, es devolverle tranquiliad y esperanza a ciudadanos que merecen vivir en condiciones dignas. El Tamarindo, Los Rosales y Hainamosa no necesitan promesas, necesitan acciones concretas y urgentes.



