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Un puñado de maíz y un momento de paz. Vea la historia detrás de alimentar a las palomas

Un domingo de abril, mientras el sol de las 11 irradiaba sobre el Parque Colón en la Ciudad Colonial, caminaba con mi cámara buscando alguna historia silenciosa para contar. Fue entonces cuando me enfoqué en un jovencito que, agachado y feliz, daba algo de comer a las palomas. Había una conexión; así que ellas se acercaban sin miedo.

En esto vi un historia cargada de simbolismo, no era solo una imagen extraordinaria. Era la unión de la naturaleza y la infancia en la Ciudad Colonial compartiendo un instante íntimo. Una forma de enlace con otros seres vivos.

Mucha gente que visita el parque realiza esto como un acto terapéutico o rehabilitador; es algo que, de alguna forma, produce una sensación un poco difícil de explicar.

Lo que sorprende es que, por algunas razones, en otros países prohiben este tipo de actividades.

Autoridades de otras localidades han advertido a la sociedad para evitar estos actos que, según afirman, contribuye a la superpoblación de palomas en la ciudad, con los inconvenientes que esto genera. Algo que ya es sabido por muchos, las heces de las palomas provocan daños en edificaciones y monumentos, además de que el contacto entre los humanos con estos animales pudiera producir enfermedades.

En lugares como el norte de España, se han desarrollado campañas para disminuir esta práctica, por las consecuencias que pudiera generar a largo plazo.

En Vitoria-Gasteiz, por ejemplo, hace varios años reforzaron una campaña de información para llevar conciencia a los ciudadanos sobre los problemas que acarrea tener una sobrepoblación de palomas. Por ello incorporaron en sus campañas el siguiente slogan: «no las alimentes, no lo necesitan».

Asimismo, en otras ciudades del mundo se ha advertido a la población que no deben alimentar a las palomas, y de no ser acatada esta disposición, pudieran recibir una infracción por parte de las autoridades municipales.

Añaden que, cuando las palomas reciben alimento de manera continua, se reproducen considerablemente, lo que genera prograpación de enfermedades. También advierten sobre la acumulación de heces en los espacios publicos, lo que afecta significativamente el embellecimiento de estos.

Quizas el infante de la imagen está completamente ajeno a estas advertencias. Como él, muchos de los que visitan el parque y se entretienen dando de comer a las palomas, desconocen el impacto que este gesto pudiera tener, tanto en su salud como en el entorno público.

¿Quién y cómo les hará entender?

Antes que imponer, entendemos que la clave estaría en educar a toda la población sobre este particular. Dar de comer a las palomas en el parque ha sido una práctica terapéutica realizada desde hace muchos años en todo el mundo. Si realmente implica riesgos, la prohibición o imposición no sería tan efectiva como la educación y la concienciación.

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