Radar Voz.- Adoptar un estilo de vida libre de tabaco y alcohol se ha convertido en una de las decisiones más efectivas para mejorar la salud integral. Más allá de una tendencia, se trata de un cambio respaldado por la ciencia, que impacta positivamente en el cuerpo, la mente y el bienestar social. En un contexto donde las enfermedades crónicas van en aumento, estos hábitos saludables representan una herramienta clave de prevención.
Diversos estudios han demostrado que el consumo de alcohol está vinculado a más de 200 enfermedades, incluyendo afecciones cardiovasculares, hepáticas y distintos tipos de cáncer, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por ello, evitar su ingesta reduce significativamente los riesgos asociados y mejora la esperanza de vida.
En el caso del tabaco, sus efectos nocivos también son ampliamente conocidos. Fumar daña los pulmones, el sistema cardiovascular y aumenta considerablemente la probabilidad de desarrollar cáncer. Sin embargo, dejar este hábito produce beneficios casi inmediatos: en pocas horas mejora la oxigenación de la sangre y, con el tiempo, disminuye el riesgo de enfermedades graves.
La combinación de no fumar ni beber alcohol potencia aún más los resultados. Expertos coinciden en que eliminar ambas sustancias reduce el riesgo de enfermedades crónicas, mejora la función pulmonar y fortalece el sistema inmunológico. Además, el cuerpo inicia un proceso natural de recuperación que impacta desde la digestión hasta la calidad del sueño.
Desde la perspectiva local, el doctor Víctor Atallah, ministro de Salud Pública de la República Dominicana, ha señalado en distintos escenarios que «la prevención es la base para evitar enfermedades y garantizar una vida saludable», resaltando la importancia de hábitos responsables en la población.

Asimismo, especialistas dominicanos en salud pública advierten que tanto el alcohol como el tabaco generan daños progresivos en órganos vitales. El neuropsicólogo Telésforo González Mercado subraya que estas sustancias afectan el cerebro, el corazón y otros sistemas del cuerpo, incrementando el riesgo de mortalidad.
Otro beneficio importante de mantener estos hábitos saludables es el impacto en la salud mental. Evitar el alcohol contribuye a un mejor equilibrio emocional, reduce la ansiedad y mejora la calidad de sueño. De igual manera, dejar de fumar favorece la oxigenación del cerebro, lo que influye positivamente en la concentración y el estado de ánimo.
A nivel social y económico, también se evidencian ventajas. Las personas que prescinden de estas sustancias tienden a mejorar sus relaciones familiares, reducir gastos innecesarios y aumentar su productividad. Esto se traduce en una mejor calidad de vida y mayor estabilidad personal.
En definitiva, vivir sin fumar ni consumir alcohol no solo previene enfermedades, sino que promueve una vida más plena, activa y consciente. Apostar por estos hábitos es una inversión a largo plazo en salud, bienestar y longevidad, tanto a nivel individual como colectivo.



